Archivo del Autor: Daniel Gurrea

CAPÍTULO 15: MALDITAS REDES SOCIALES

Bene supo que aquel no iba a ser un buen día desde que sacó los dos pies de la cama. Eran las dos y cuarto de la mañana y todavía seguían acordándose de toda la familia del señor Zuckerberg.
– ¿Por que no se nos ocurrió que podría pasar esto? -Dijo Alfredo mientras se echaba las manos a la cabeza-.

– Y eso que vivimos en un estado en el que la iglesia está muy bien vista -apostilló Juanjo con cierta ironía-.

Lo que irritaba a Alfredo era aquel grupo que tanto revuelo había causado en las redes sociales, “casilla de apoyo a la ciencia en la declaración de la renta”, y que había afectado a su mayor cliente: la iglesia católica.

– Llevan todo el día llamándome al teléfono. Que por qué no lo habíamos visto venir, que por qué no lo hicimos antes. Parecían Mourinho, no se que coj…

El teléfono de Bene interrumpió el lamento de Alfredo y se quedó mirándola, como si de esa forma dejaría de sonar el móvil. Bene no supo disimular su cara de asombro al ver el nombre de la pantalla. Antonio la estaba llamando.

– Voy un momento a tu despacho, Alfredo, es mi hermana -Le engañó Bene-.

– Si, seguro que es tu hermana… Anda, no te pegues media hora hablando de gilipolleces con tu noviete, que no estamos para chorradas -Le gritó Alfredo de malas maneras-.

– Bene, en media hora en el Bar Casa Andoni -Dijo la voz al otro lado del teléfono-. Te diré donde está el gato para que vayas a recogerlo.

– No, mejor quedamos en el bar Crisfer, el que está haciendo esquina -Respondió Bene en voz baja-. A lo mejor a estos dos les da por ir a tomarse una caña ahí y no quiero que nos vean juntos.

– Está bien -Y tras su escueta respuesta, Antonio colgó.

– Necesitamos una solución, ¡y la necesitamos ya! -Oyó gritar a Alfredo mientras abría la puerta de su despacho.

– La solución es que a los científicos se les hubiera ocurrido lo de la inquisición antes -Dijo Bene mientras pasaba junto a ellos-. Voy a bajar a que me dé el aire.

La nominación lo había cambiado todo. Bene decidió anular el plan y pidió que le devolvieran al gato. En su cabeza solo podía pensar en soles, nuevos clientes, compañeros de profesión dándoles la enhorabuena, un Grand Prix…

– A la mierda Bukkake -Pensó, y una sonrisa se dibujó en su cara.

En ese momento vio como Antonio bajaba de un taxi en la acera de enfrente y se disponía a cruzar donde estaba Bene.

Lo siguiente que vio fue cómo le pasaba un coche por encima.

Había bajado solo con su abrigo, se había dejado el monedero y el móvil en la agencia y no tenía suelto en sus bolsillos para llamar desde la cabina de la esquina. No había nadie en la calle y el coche huyó despavorido. No podía avisar ni a Alfredo ni a Juanjo sin exponerse a que la encontraran culpable de la desaparición del gato.

Con un vistazo rápido a su alrededor encontró una moneda de un euro, con ella podría llamar a una ambulancia, a la policía, a los bomberos…

Pero la solución se esfumó tan rápido como vino.

– Mierda -Pensó Bene-. La moneda está en el puto suelo.

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