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CAPÍTULO 16: ¡Ahí os quedáis!

e repente, el ruido de su respiración agitada, los coches que comenzaban a amontonarse para ver lo ocurrido en medio de la calle, los vecinos que se disponían alrededor del cuerpo ya muerto de aquel joven sin ningún rasguño físicamente pero reventado por dentro, y sirenas de los servicios de urgencias y Policía…se SILENCIARON, Shhhhh. Bene se trasladó por unos instantes a un mundo insonoro. Allí, perpleja, con los ojos desencajados, de pie, frente por frente del cuerpo ya frío de aquella persona que le regaló una de las poquitas noches divertidas después de mucho tiempo y que le permitió olvidarse del“Alfredo’s World” y, lo más importante, era la persona que le ayudaría a dar  por terminado un plan que no llegó a ningún sitio, que se elaboró de forma precipitada y que tras meditarlo varias noches con la almohada Bene sabía que no le acercaría a su meta: Alfredo.

-Oiga, ¿Se encuentra bien?-.

-… -. Bene, estaba allí en esos momentos como si de una escultura se tratase.

-¡Jovencita, oiga. ¿Me escucha? Venga, conmigo. A ese banquito-.

Bene siguió a la señora que en esos momentos, ante tanta gente, se preocupaba por ella:

-Eso es, aquí tranquilita -.mientras le apartaba un mechón de pelo que ocultaba la parte derecha del rostro de Bene-¡Qué tragedia, verdad hija!. Una vida por delante…si es que está vida.¿Conocías al chico?.¿Estás así porqué has visto el accidente?-le preguntó sin obtener respuesta alguna-.Bueno, voy a ver si puedo llamar a alguno de los que están aquí del y que te vean. Quédate ahí, a ver si te me vas a caer.

De repente se hizo el sonido de nuevo:

-Psssss…aquí. A tu derecha.

Bene se dió la vuelta y encontró a la persona que menos podía esperar.

-Pero, pero ¡Juan!…¿Qué haces por aquí?. Sa, sa,…sabes lo que acaba de ocurrir???– Le preguntó una Bene presa de los nervios, con un nudo en la garganta que le impedía articular una palabra completa- An, An, An…tonio ha muerto. ¡¡¡Lo han matado. Un coche se lo ha llevado por delante!!!! Y el muy….no se ha parado a socorrerle-.

Juan le invitó abandonar aquel sitio e a ir a un lugar más tranquilo donde poder hablar.

-Bene, ha ocurrido. Punto. No podemos reanimarlo, no podemos hacer nada por él. ¿Estamos?. Además Bene, era algo que tenía que ocurrir más tarde o más temprano. estaba cantado.

Bene, interrumpiendo su limpieza de lágrimas y mocos sorprendió a todos los clientes de la cafetería donde se habían recluido con:

-¡Qué! Pero, pero,….¡qué me estás diciendo!.

-¿Quieres bajar la voz si o si?– Le ordenó Juan estrujando la bolsita de azúcar que hacía en esos momentos las funciones de pelota anti-stress- . Ese amigo tuyo y socio mío que acaba de abandonar el mundo de los mortales no tenía intención de decirte dónde estaba tu maldito gato-.

-¡Cómo que no!. ¿Entonces para qué?. No creo que viniese a cobrarme ninguna cuota.

-Bene, no. No venía para exigirte el pago de ninguna cuota.

-Vamos a ver,Juan, el objetivo de quedar con Antonio era simple:que me diese la dirección donde poder recoger a mí gato. ¡El sabía para qué nos habíamos citado! y en ese momento no me manifestó oposición alguna.Ambos acordamos hora y lugar. y con ello cerrábamos trato.

-Bene, cállate. Estaba al tanto de tu cita con Antonio. Sé para lo que habíais quedado y por eso mismo estoy aquí, en este preciso momento contigo y no jugando con palillos chinos ¬¬. ¿Vale o no?. Lo que te puedo asegurar es que él no intenciones de decirte dónde recoger a tu maldito gato sino qué es lo que le había ocurrido a tu gato.

Bene, que no daba crédito a todo lo que estaba sucediendo en menos de dos horas, le espetó en plan chulesco:

-Venga, pues dime tú ¿para qué había quedado entonces?-.

-Bene, el gato es otro ser vivo que dejó la vida terrenal a los dos días de entregárnoslo-.

Bene, de nuevo, para todo el público:

-¡¡¡¡¡Quéeee!!!!!.¿Dónde está mi gato??? uhy, uhy, uhy….Juan, vamos a dejarnos de estupideces, de pamplinas… mi Gato, lugar, dirección. Vamos, por favor. Ya nos vamos a dejar de tonterías-.

-Me voy a cagar en…..¿Bajas la voz o me largo?-.

-Bajo la voz, pero tu me estás diciendo a la orden de YA dónde está mi gato-.

Bene, estaba fuera de sí. El efecto del Tranquimacim ya no estaba ni siquiera en la punta de sus pies; simplemente había desaparecido. Por el contrario, el café comenzó a hacer su trabajo; le reactivó. El estado de ausencia originado por el shock del accidente fue sustituido por el de cólera, irritación, exasperación con el primer sorbo dado al expresso con sacarina: “ Más gente que se cachondea de mí. Esto clama…de verdad, eh…me dan unas ganas de….voy a mandar todo a la mierda. Voy a desaparecer. De verdad que sí. Ni el tate se va a enterar de mi existencia”.

-Bene, sabes que la asociación tiene dos medidas de asistencia de mascotas, ¿Verdad?: acogimiento en nuestro centro o acogimiento con una familia todo el tiempo que considere su dueño necesario; bueno, cumpliendo siempre el mínimo de 15 días. Hasta ahí, bien-.

La mirada colérica de Bene instaba a Juan a continuar sin detenerse en detalles más que sabidos por ella; o al menos que ella pensaba saber.

-¿Me vas a re-contar lo que yo leí en su momento en el contrato que firmé?-le preguntó en tono irónico-. Sí. Lo sé. Os dije que mi opción preferente era la de la “Residencia con una familia”. Sigue-.

-Efectivamente, pero…-.

 

Le interrumpió Bene:

-Pero ¿qué de qué? Quiero mi gato. Tengo prisa. Estoy en horario de trabajo. Venga, tu debes saber como trabajador, socio, miembro o lo que seas de Bukakke dónde se encuentra mi gato. Tú me dices la dirección de la familia que lo acoge y no hace falta ni que me lleves. Yo en cuanto salga del trabajo, voy directa al sitio, cojo mi gatito, agradezco todas las atenciones que la familia happy le ha dado al animal y ¡listo!. No quiero saber nada más. Aquí se acaba nuestro contrato-.

-Ehhh, querida¿Has entendido lo de “abandonar la vida terrenal?- Insistencia del empleo de ambos interlocutores por emplear el tono irónico.

-…………-.mirada “no soy imbécil” -Mi gato. La mierda de gato no está muerto. Ese gato lo tengo que tener en mis manos. Así es que…-.

Juan no le dejó seguir, agarrándola del brazo fuertemente y acercándola a él:

-¿Sabes que la muerte de tu amigo y mi socio, Antonio así como la de gato no fue un accidente fortuito sino un asesinato. ?. La consecuencia de no tener la boca callada-.

Bene se hizo una bola. Con los brazos cruzados, la cabeza metida en el cuello alto del jersey de lana que llevaba puesto y unos ojos cargados de tantas emociones, le preguntó con voz temblorosa y con una lágrima a punto de saltar de la pestaña a la mejilla:

-¿Tienes intenciones de matarme a mí también?-.

Juan, no daba crédito a lo que escuchaba. Pensaba: “Pero, pero,…qué narices está entendiendo esta histérica”.

Vamos a ver, Bene. Tranquila. Juan, yo, la persona que tienes delante tuya, está contigo, no quiere acerte daño. Está aquí  para hablarte de todo lo ocurrido con tu gatito y el motivo que le ha llevado a tener ese fatal y dramático desenlace y al veterinario de Bukakke, nuestro Antonio.

Juan, en un intento de ser lo más didáctico posible, mantener una actitud de lo más calmada y sosegada posible con Bene prosiguió:

-Bene, tu escucha y luego preguntas, ¿de acuerdo?.

-De acuerdo, ¡Pero sigue!.

– Tu gato fue entregado a una familia de acogida temporal. Estos reunían todos los requisitos, tal, tal, tal,…familia de cuatro miembros, encantadora, niños guapos, mujer….por cierto, muy parecida físicamente a tí, aparentemente responsable,….Nada, reunían las condiciones para poder quedarse con tu gato el tiempo acordado.Bien, hasta ahí todo normal. A los dos días se presenta el cabeza de familia, el padre de los niños guapísimos, marido de una sra. encantadora,…con el gato en la jaula. Nos cuenta no se qué paparruchada de que ha aparecido muerto a la mañana. Que tanto sus hijos, su mujer y él no sabían qué le había podido ocurrir. Me dice, que no se le dió nada de comer que no fuese lo recomendado desde la asociación, que no salió de casa, que tenía su cama, su lugar donde descansar y estar resguardado del frío,…¡Vaya!, me suelta, ¡Qué el gato ya venía defectuoso cuando  se lo entregaron desde  la Asociación! y finalmente, que lo lamentaba mucho.

 

Bene, lo interumpió:

-Juan, sabes que el gato estaba más sano que el presentador de “Salud al Día”. Estaba mejor que tú y que yo, que nos enterraba ese maldito gato- recordario acompañado de golpetazo de la mesa con fines de afirmación en lo dicho.

-Ya, ya Bene. Deja que te cuente-.

-Perdona, continúa-.

Juan, antes de proseguir tomó un sorbo del cortado que había pedido hacía ya más de media hora, casi en estado de criogenización mientras echaba un vistazo a su alrededor con el fin de asegurarse que podían proseguir con la revelación estando sanos y salvos.

-Le dije que no se preocupase. Que quizás el gato había sufrido una muerte súbita o cualquier otro fallo fisiológico: respiratorio, cerebral,…en fin, quise transmitirle tranquilidad, tanto a su familia como a él. Le dije que antes de irse debía esperarse a que le hiciesen una exploración nuestro veterinario, Antonio. Con él, podríamos conocer la causa de la muerte del animal y al mismo tiempo quitarle esa supuesta lamentación, cupabilidad. Pero él, lejos de tener interés por conocer las causas, mantuvo una postura de pasotismo: “Para qué hombre. Ya está el gato muertecillo…ustedes no creo que pongan en duda nuestra labor como “acogedores de mascotas, ¿no?. En ese día y medio que pasó con nosotros lo quisimos como si…es que no hay palabras, era tan adorable, se hacía de querer de una manera que…” ; el tipo se esforzó por fabricar una lágrima pero sin éxito alguno. Yo volví a subrayar el agradecimiento que la asociación tenía hacia familias como la suya, por realizar actos tan solidarios como éstos pero que, a pesar de todo, era necesario la realización de dicha autopsia, porque así venía recogido en nuestro protocolo de actuación-.

-Si…¿Y qué resultados dió la autopsia del Churchill?-.

-Esperaaaaaa….Después de estar soportando al tipo cerca de una hora repitiendo lo mismo una y otra vez acerca de lo innecesario de hacer la autopsia, de la prisa que tenía para ir a trabajar, que si cual, que si tal, apareció Antonio: “Lamento decirlo, pero este animal ha sido envenenado. Aquí están las muestras. La galletita que tenía en el estómago Churchill ha sido analizada en nuestro laboratorio y los resultados concluyen con que ha sido envenenada. Hablamos de un fuerte insecticida usado en los cultivos. Y no sé cómo decirlo, pero no estamos hablando de un tóxico, una sustancia que nos encontremos en la acera que está debajo de nuestra casa o en el parque. No, esto ha sido un envenenamiento intencionado”. Y no le dió tiempo de concluir Antonio su informe, cuando el tipo se fué flechado a él, lo cogió del cuello y lo amenazó con matarlo si abría la boca.

Bene, no daba crédito a lo que escuchaba. Era imposible. Se preguntaba qué narices tenía ese gato para esa familia. Operando en esos momentos el lado más ingenuo de Bene, quiso pensar que el miedo, la culpabilidad de aquel hombre por haber matado de manera no intencionada a ese animal le llevó a perder los estribos de esa forma. Al fin y al cabo, ese hombre a lo mejor contaba con un jardín en su chalet adosado, el paquete de galletas estaría cerca de los productos para el cuidado de las plantas y ¡plof! Se caería, derramándose uno de esos botes medio abiertos sobre el paquete de galletas y sin nadie saberlo pues acabar como si de cereales con leche se tratase; o saberlo el hombre pero no considerar que pasase nada por cuatro gotas. “Un poquito de agua del grifo y aquí no ha pasado nada”

Bene, no quería pensar que el gato había sido asesinado, no. Quería buscarse cualquier excusa por absurda que pareciese. Todas las opciones por muy rocambolescas que pareciesen para el 99% de la humanidad tenían cabida en su mente, menos la de matar intencionadamente, con alevosía a un pobre e inocente gato que estaba ayudando a despegar a una Agencia de comunicación. “¿Qué daño puede hacer un minino?” 

 

-El asunto queda zanjado desde este mismo momento- Ordenó el tipo.

-De eso nada. Pensamos llamar a la policía ahora mismo. Y por supuesto..-Antonio, saltándose  la torera lo que decía aquel asusta veterinarios-.¡¡¡Juan, llama a la dueña del animal!!-.

Agarrándole de nuevo del cuello y empujándolo contra la pared:

-Pero vamos a ver, mequetrefe ¿tú no me has entendido, verdad?. Que el asunto se queda así. Zanjado. Ese animal tenía que acabar como ha acabado “finitto”. Y tú vas a llamar a quien yo te diga y cuando yo te diga. Llamarás a su dueño o dueña, quién sea. Le dirás que acuda a la asociación y cuando sea el momento de decirle lo sucedido con su gatucho le dirás que tuvo una muerte súbita mientras dormía plácidamente en el hogar de la familia que le acogió deseosa de darle amor y cariño-siguió con tono amenazante- ¿Hay alguna parte que no has entendido?. Ese gato, ahí donde lo ves, me está quitando dinero. Por su culpa, mi empresa tiene pérdidas. Tú no lo sabes, pero es famoso en el mundo de la publicidad. Es una mina de oro. ¿Acaso no te suena lo más “in” entre las celebrities, el Churchill’s time?Ese gato es la Isabel Preysler en el mundo de los gatos y…en el mundo de los ricachones se parten la cara por aparecer en un photocall . ¿Y tú crees que yo puedo permitirme que una bola de pelo me haga irme a la cama preocupado?-.

Los dos jóvenes andaban perdidos, no entendían nada. Para ellos era simplemente un gatucho, sin pedigree, más bien tirando a feo, sin gracia alguna cuando lo vieron por primera vez. Juan estaba dispuesto a no abrir la boca. El segundo era el rebelado de la vida.

-Y a tí, te digo lo mismo ¡Chitón!. Muy bien, chicos. Ahora si me lo permitiís-pero cuando estaba a punto de irse– ¡Ah!, Olvidaba deciros: durante un tiempo no me va importar ser vuestra sombra. Me gusta asegurarme de que todo queda bien atado.

 

La 14,00 de la tarde: “14 horas, 13 en Canarias. Noticias de medio día. Buenas tardes, les habla….hoy en el Congreso bla, bla, bla”. Dinggg, Dongggg….

-¿Siii?. Un momento. Maldita olla a presión…. ¡¡¡Un segundo!!!.

-Hola, Cariño. ¿Qué pasa?- le dió un rutinario beso a Rocío sin nisiquiera mirarle a la cara y directamente se fué a la cocina en busca de una lata de atún, una Shandi y una servilleta. ¿Destino? Salón. Por el camino: zapatos, corbata y maletín.

Mientras, Rocío, permanecía en la entrada donde podía visualizar ambos lugares, cocina y salón. En ese momento podía haberle recriminado de un grito, de un golpe en la mesa, la falta de un beso de cariño, un abrazo de esos que tramisten no se qué, pero qué dicen algo,…a su regreso a casa, la falta de interés por conocer como le fué a su pareja durante la mañana en su reducido mundo de ama de casa, la inexistencia de ese escaneo que tanto echaba en falta  de su marido a su físico “¡oye qué guapa; qué bien te sienta esto; esto, no te lo  había visto puesto, etc, etc, …!!¡¡¡Mostrar algo de atención a su mujer, narices!!!! y no una mera receptora de ropa sucia, limpia mocos, aguanta penas y acumuladora de frustraciones. Sí, lo podía haber hecho una vez más, pero no. La cobardía de nuevo le pudo. El miedo a las consecuencias le echó para atrás reduciendo todo esa triste situación que se repetía cada día en:

-Mario, ¿Cómo te fué el día?. ¿Qué haces aquí tan temprano?-.

-Cariño, no tengo ganas de hablar. Me lo podía permitir. Me he quedado más tranquilo después de haber cerrado una operación. Ya está, no hay nada más qué contar. Ahora, eh, ¿te puedes apartar? Quiero ver las noticias de la Cuatro.

En ese instante si las miradas matasen,  Mario estaba más que muerto. Habría quedado reducido tan solo materia en el espacio, energía flotando. Ni un “¿Cómo te ha ido el día?, ni ¿Qué te parece una cena esta noche dejando a los niños en casa de tu hermana Bene?, ni ¡qué guapa, qué cuerpazo (aunque no se creyese sus palabras)!”. Nada. Era un cero; pero un cero en medio de la nada. No tenía ni el privilegio de estar en la izquierda. Era la indiferencia personificada.

Rocío le apartó los pies de encima de la mesa que acababa de limpiar de un manotazo sin él inmutarse, dejando la vista clavada en la TV. Seguidamente subió a su dormitorio. Allí sentada, frente a la ventana, dejó fijada la mirada en sus zapatillas rosa palo, llena de pelotillas y alguna pelusa pegada en el borde:

-No quiero esta vida.- dijo en voz alta.

 

Melodía de vodafone, sonando insistentemente. Bene, no tenía ni un milisegundo para atender a su hermana. Era todo oídos de Juan.

-Este tipo hizo lo que nos dijo. Ha sido nuestra sombra. De ahí el fatal desenlace de nuestro Antonio.No se quedó calladito y ha pasado pues lo que tenía que pasar-.

-Pero entonces, ese tipo me conocía. ¡Nos conoce!. Sabía de dónde procedía Churchill. ¡¡¡De nuestra agencia!!!. Madre mía, en qué lío me he metido- bajando aún más si cabe el tono de voz- Juan, si te metes en nuestra Web, aparecen los nombres de mis dos socios y el mío. Juan ¿Estamos en peligro?- no paraba de zamarrearle el brazo– ¡¡¡¡Juan, mis socios, yo. Qué vamos a hacer!-.

– Bene, qué te puedo decir. Lo que sabemos es que ese tipo por su trabajo es capaz de asesinar a una persona y a un gato. Ese tal Mario no tiene escrúpulos-.

-¿Cómo has dicho? ¿Mario?-.

Bene pasó a solicitarle la descripción física del asesino de veterinarios y gatos. Todo encajaba: “Iba acompañado de una mujer parecida a mí, los hijos: un niño y una niña, él pelo rizado, metro noventa, pelo ondulado a tope de gomina¡¡¡Sí era el cuñado de Bene. El marido de su hermana!.

-Camarero, póngame un whisky doble, por favor-. De nuevo, la reactivación inundó a Bene-. Juan ¿Ese tipo es mi cuñado. Fué mi jefe y en mi anterior trabajo. Su empresa, en la actualidad ¡Es nuestra principal competidora! No doy crédito, de verdad.¿Y mi hermana? ¿Sabrá lo que hace su marido?-.

-Aquí tiene Sra, su whisky doble-.

Juan mientras jugaba con la cucharilla con café pegajoso dándole vueltecillas mientras se limitaba a asentir con la cabeza:

De un trago se bebió el estimulante líquido que le llevaría a despedirse de Juan, desearle una feliz vida y seguidamente coger el billete sucio, carcomido y viejo de 10 euros que tenía en la cartera, olvidándose de ese asunto que por aquel entonces le parecía de lo más serio como era el de la “higiene”. Se acabó las máscaras y los secretos.

Salió corriendo hacia la agencia:

-¡Qué pasa!. ¿Y ese sofoco?- le preguntó Juanjo.

-Juanjo, por favor, un segundo. ¡¡¡¡Alfredoooooo!!!.-.

Alfredo atendía una llamada. Rápidamente colgó comprometiéndose responderle unos minutos más tarde.

Pero, ¿Qué horas son estás?, ¿Trabajas aquí o haces como que trabajas?, ¿Qué horas son estas? Dime, contesta. Alguna explicación habrá-. los gritos de Alfredo se podían escuchar perfectamente dos calles más abajos.

Bene tratando de morderse la lengua y no responderle de malas maneras al desgraciado de Alfredo les pidió que la escucharan,tanto Juanjo como él, tan solo 5 minutos. Se comprometió a ser rápida, escueta y directa. Tomó aire y comenzó:

-Juanjo. Alfredo. El gato, Churchill ha muerto. Lo sabía desde hace días. Me lo llevé a una asociación donde lo cuidasen. ¿Objetivo? Conseguir que surgiesen nuevas ideas diferentes, nuevos proyectos que diesen un giro a la Agencia. Sobre todo, acercarme a tí, Alfredo. El ser más egoísta que he conocido, más creativo, trabajador que  he visto; a la vez el más cobarde y miserable . Suponía que hacer desaparecer el gato nos uniría más. Mejor dicho,  me acercaría más a tí como cuando nos embarcamos en esta locura de abrir la Agencia. Tanto el dejar mi trabajo para crear algo nuevo que me llevaba de nuevo a la incertidumbre a nivel laboral como el hacer desaparecer ese gato lo he hecho porque hace años que estoy enamorada de tí, de alguien para la que soy invisible, para la que soy una simple loca de la limpieza. Y pensaba que actos como estos me llevarían a alcanzar mi sueño, de mujer lerda, estúpida e ingenua.

Interrumpió Juanjo:

Y ¿yo? ¿Qué culpa tengo de todo esto?Allá con vuestros líos y vuestras paranoias, pero ¡¡¡Era mi gato. Mi idea!!! Pero qué pandilla de…esto no pienso dejarlo así. Os aseguro que no. Esto va a los tribunales como me llamo Juan José García Mejías. Ah, y os habéis ganado un enemigo, que lo sepáis.

Se levantó, no quiso seguir presenciando la declaración de amor patética que le estaba regalando su jefa a su jefe. Cogió su chaqueta y con un “Iros al infierno” se marchó de la Agencia con  un portazo, que bien podría haber tirado el marco de la puerta.

Mientras, Alfredo no podía emitir sonido alguno, con la cara blanca y las manos sobre la cabeza, sorprendido por todo lo que estaba ocurriendo se giró con su silla de ruedas, de nuevo, hacia Bene esperando que prosiguiera.

-Vaya. Las primeras reacciones-refiriénose al abandono más que justificado de Juanjo-. Bien, pues yo finalizo. Alfredo, tan solo me queda desearte la misma suerte que he tenido yo tanto en el trabajo como en el amor, hasta el momento. Y espero que no corras con la misma suerte que espero tener justo cuando salga de esta agencia.

-¡Cómo! ¡Te vas!. No puedes. No podéis-.

-¿Cómo? Mira, ¿ves las cosas de mi mesa?- de un barrido con los brazos tiró todo al suelo la mesa quedó limpia. aquella tavla con cuatro patas simbolizaba la nueva vida de Bene. Limpia, sin nada, lista para ser utilizada para otros menesteres: entrenamiento de autoestima, búsqueda de su verdadera media naranja, vuelta a sus intentos por ser la brillante  publicista que ya demostraba en sus tiempos de universitaria, viajar, emborracharse los fines de semana sin pensar en nadie ni en nada,…en definitiva, vivir de nuevo; comenzar un nuevo libro, donde no hay índices, donde todo transcurre de forma espontánea y en el que las cosas triviales son las que verdaderamente se han de estudiar y las cosas serias de la vida ser abordadas con trivialidad.

No puedo decir que haya sido un placer conocerte. En cualquier caso podría agradecerte que hayas pasado por mi vida, pues he aprendido ¡Por fiiiiin! A quererme, a no reducir mi vida a una sombra que persigue a alguien o algo. Gracias Alfredo. Hasta más ver.

Y allí se quedó Alfredo, en medio de la agencia, sentado en la triste silla del Ikea, llorando como un niño con la mirada puesta en la puerta.  Puerta de la dejó salir demasiadas personas, oportunidades y proyectos

 

 

-Rocío, ¿Qué haces con las maletas?. Si las vas a llevar al garage espera a que vengan los niños y que te echen un cable-. Consejo emitido por Mario a su señora esposa, desde el salón, tumbado en el sofá sin ninguna intención de hacer otro movimiento que el de rascarse la nalga derecha-.

-Mario, me voy. Ahí te quedas-.

Mario, sin escuchar nada:

-Si, si, si cariño estoy pendiente del teléfono si llaman. No te preocupes-. Ni una sola mirada a Rocío.

-Grrrrrr…Hijo de… -.

    Rocío metió sus dos trolls en el maletero rumbo al aeropuerto. Antes haría una parada en el Mercadona. Allí compraría unas cuantas cosas básicas para el viaje, cuyo destino aún no estaba decidido.

    Antes de poner en marcha el coche volvió a llamar a su madre por quinta vez para asegurarse que había entendido a la perfección lo que tenía que hacer con los niños, Pedro e Irene: comidas, horarios, tiempo que ella estaría ausente. No pudo reprimirse y se echó a llorar. Sentía lástima por ellos; sabía que no los abadonaba sino que los dejaba un tiempo con su yaya mientras mamá entrenaba para ser una “ súper mamá, como les gustaba a ellos llamarla cuando conseguían lo que querían: ir al cine, parque de atracciones, quedarse más tiempo viendo la TV,…Realizada la llamada arrancó el coche y de camino al súper se acordó de su hermana, de su Bene.Para ella era  una mujer exitosa, que tenía todo lo que quería, que si no tenía novio aún era porque no quería, no tenía tiempo con su trabajo en la agencia…cuánto la envidiaba. Pero qué equivocada estaba. Rocío.

-¡Rocío!- exclamó con sorpresa.

¡Bene! ¿Qué haces?. Oye, y qué haces que no estás en el trabajo???….¿Estás bien? Has estado llorando hermana-.

-……-. silencio- ¡Y tú! No deberías estar en casa preparando ya la mesa. ¿Tus nenes y tu marido? estarán a punto de venir ¿no?

-Bueno. Bene, creo que he cometido una locura y creo que no voy a dar marcha atrás aunque me lo impidas una vez te la cuente.

Bene secándose las lágrimas. Total atención a Rocío:

-Me he ido de casa. Soy una infeliz por culpa del miserable que está ahí postrado en el sofá. Los nenes están con mamá. Los cuidará todo el tiempo que necesite para oxigenarme, para recolocar ciertas piezas de mi vida y hacer limpieza de otras. No sé a dónde me voy a ir. Quiero salir. El único destino de momento es el aeropuerto. Una vez allí tengo que elegir donde regenerar mi mente.

-Rocío- agarrándola de los hombros y situándose frente por frente, en la zona de las congelados, apartando las bolsas con ruedas y olvidándose del alrededor- me apuntó a esa regeneración neuronal. Cojamos lo que nos haga falta y corriendo al aeropuerto. Un destino nos espera. No sabemos cuál, pero ahí está.

 

“Sea cual sea la meta,el sueño, el objetivo nada resulta imposible cuando se está decidido/a. Incluso es posible remover cielo y tierra como se quiera. Pero cuando cuando el hombre/mujer no tiene el “corazón en el vientre”, carece de determinación. Remover cielo y tierra sin esfuerzo es una simple cuestión de concentración”.

(Hagakure)